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| Viernes, 27 de Julio de 2007 |
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| Nro. 231 |
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Nada nuevo bajo el sol:
Esta es la sensación que dejó el II Encuentro Internacional de Banda Ancha y Cable Módem (que de Internacional mostró poco) que tuvo lugar la semana pasada en Mar del Plata. El evento reunió a operadores de TV por cable, particularmente de la provincia de Buenos Aires, si bien los temas tratados tienen un claro alcance nacional.
No hubieron sorpresas ya que los ataques a las telefónicas por su intención de ingresar al negocio de la TV volvieron a estar a la orden del día (tal como suele suceder en los distintos ámbitos donde se juntan las empresas de TV por cable), así como el hincapié en que los cables son empresas nacionales (algo discutible en algunos casos) y PyMEs (claramente no en todos los casos). Por la hegemonía del pensamiento, se trató más bien de un ámbito de reclamo hacia fuera (medios, gobierno, rivales) que de un lugar donde pudieran presentarse distintas visiones sobre un mismo tema generando un debate constructivo. Pero esto es legítimo, ya que nunca el Encuentro fue planteado en éstos últimos términos.
Así, el mensaje estuvo basado en términos de Cableros vs. Telcos. Pero las cosas en la vida nunca son tan simples. Es evidente que tanto el mundo de la TV por cable como el de las empresas de telecomunicaciones no son ámbitos homogéneos. En ambos casos hay grandes jugadores así como jugadores de menor peso en tablero general. Así, el escenario actual y futuro no contempla a dos actores, cableros y telcos, sino a cinco: cableros PyMEs, cableros grandes, telefónicas incumbentes, telefónicas entrantes y Estado (que juega un rol fundamental, o al menos así debería ser). Cada uno con necesidades y objetivos diferentes.

La pelea de fondo:
Este enfrentamiento entre cableros y telcos está fuertemente ligado al combate de fondo, que es el que se da entre el Grupo Clarín y las telefónicas incumbentes, donde Telefónica tiene claramente un perfil más alto que Telecom.
No hay en esta pelea ningún nene de pecho. El Grupo Clarín (dueño del 60% de la fusionada Cablevisión-Multicanal) ostenta el 47% del mercado de TV por cable. Y tanto Telefónica como Telecom manejan porcentajes importantes en el negocio de las telecomunicaciones (que varían dependiendo del servicio que se considere). El enfrentamiento fuerte comenzó a partir del momento en que la tecnología permitió que desde ambos lados se pudiera incursionar en terreno tradicionalmente ajeno. El cable ingresando al mundo de las telecomunicaciones a través de la tecnología de cablemódem (donde el Grupo Clarín tiene aproximadamente el 20% del mercado según datos publicados por su diario). Y las telefónicas con la capacidad técnica de ingresar al negocio de la TV paga, pero aún sin hacerlo.
En realidad, el temor de los cableros, y más particularmente de Cablevisión-Multicanal, suena desmedido, pero como estrategia le permite ir ganando valioso tiempo. Como lo indican las cifras de ATVC, el cable es un negocio maduro, con presencia en el 53% de los hogares argentinos. Así, una oferta de TV de las telefónicas debería apuntar a robarle clientes. Y se sabe que la competencia es más dura cuando se trata de comer de la misma torta que cuando se trata de agrandarla.
Por otra parte, la digitalización le da múltiples ventajas al cable. Por un lado, minimiza la diferenciación que una oferta de IPTV podría aportar, ya que los servicios pasan a ser muy similares. Pero con una ventaja adicional para el cable, ya que la digitalización de este servicio no impide que siga funcionando también bajo el modelo analógico. Esto se traduce en que un hogar abonado al servicio digital de TV por cable sigue teniendo acceso al servicio tradicional analógico, con lo que se pueden tener múltiples bocas sin necesidad de contar un set top box digital en cada televisor. Esto sí pasará con la IPTV, así como sucede hoy con la televisión satelital. O sea, en un hogar con dos o más televisores, la opción del cable con su mix analógico digital es más atractiva.
Adicionalmente, se espera que a partir de este semestre la digitalización tenga un fuerte crecimiento de la mano del fútbol, el contenido premium más demandado. Es que la decisión de televisar todos los partidos del campeonato local traerá aparejado, en una primera instancia, que tanto aquellos de Boca como de River (los dos clubes por lejos más populares de Argentina) sean transmitidos únicamente por el sistema premium. O sea, habrá que estar suscripto al servicio digital y, adicionalmente, adquirir el paquete de fútbol apropiado. En el caso de quienes se “digitalicen” para contratar este paquete y así poder seguir a su equipo de fútbol, esto implicará un desembolso $ 30,50 equivalente a entre un 40 y un 50% del precio del abono. En otras palabras, pasan a estar digitalizados y a subir el ARPU. Dos pájaros de un tiro.
El panorama para las telefónicas no es tan rosa como aparenta. Además de tener que arrancar desde cero en un mercado ya maduro como el de la TV paga, tecnológicamente la transmisión de TV por las redes de ADSL tiene sus desafíos. Por un lado el monetario, ya que aumentar la capacidad de la red para transportar un mayor volumen de datos se traduce en pesos (o dólares) a invertir. Por el otro, el tecnológico, ya que la degradación de la capacidad de transmisión del ADSL en la medida en que aumenta la distancia entre la casa del abonado y la central es un problema que sólo se resuelve, de vuelta, con más inversión. De hecho, en sus países de origen, el desarrollo de la IPTV no es tan explosivo como algunos imaginaron. Así, sólo sería económicamente razonable competir en las zonas más densamente pobladas y no tanto en otras de población más dispersa, lo que es una buena noticia para los pequeños cableros.
En síntesis, las telefónicas son más grandes en términos de facturación y de inversión, lo que les permitiría ingresar al negocio de la TV, aunque con un resultado aún incierto. Por su parte, el negocio del cable está establecido y cuenta con ventajas objetivas con el desarrollo de la TV digital y conoce mejor el negocio de los contenidos. Y en cuanto al poder de lobby, tanto de un lado como del otro hay expertos en la materia. Sería interesante entonces que se abriera la competencia para que ésta termine beneficiando a los consumidores con menores precios y mejores servicios.

De chiquilín te miraba de afuera:
Distinto es el caso de los demás actores de uno y otro mercado (cable y telecomunicaciones) que quedan casi “naturalmente” en distintas veredas, si bien sus intereses y posibilidades son claramente distintas a las de los grandes grupos mencionados.
Las empresas de telecomunicaciones entrantes (aquellas que ingresaron al mercado en competencia, sin heredar ni redes ni clientes) sufren la prohibición de dar servicios de TV sin comerla ni beberla. Al igual que los cables, dan sus servicios en competencia, montando sus redes desde cero, sin ningún tipo de reserva de mercado ni protección alguna. Sin embargo, por un capricho regulador, se les prohíbe transmitir TV por sus redes. Sería bueno que desde el gobierno alguien explique el porqué de esta decisión, a todas luces injusta. Sobre todo cuando las empresas que dan servicios de TV sí están autorizadas a dar servicios de telecomunicaciones.
En el caso de las pequeños operadores de TV por cable, su problema no es tanto regulatorio sino principalmente de negocios. Nadie duda del rol que jugaron ampliando la variedad de contenidos para televisión en lugares donde, a veces en el mejor de los casos, apenas podía llegar una señal de TV por aire. Pero está claro que en la medida que el negocio se hace más sofisticado, con digitalización de la TV y agregado de servicios de telecomunicaciones (banda ancha y telefonía), las escalas empiezan a hacerse sentir cada vez con mayor intensidad. Desde el punto de vista de los costos, no es lo mismo operar en una localidad chica, de casas bajas y casi sin departamentos, donde en una manzana cubierta por una red de cable se puede tener un potencial de 40 hogares, frente a lo que sucede en una gran ciudad, donde una manzana puede tener hasta 1.000 hogares. Y estas escalas no impactan sólo en la infraestructura, sino que también se hacen sentir a la hora de negociar el valor de compra de las distintas señales que retransmiten. En estas condiciones, difícilmente otra empresa de TV paga se anime a competirles, salvo que pueda hacerlo en forma inalámbrica o que ya tenga una red que cubra las mismas localidades, como puede ser el caso de empresas telefónicas. Pero aún en éste último caso, por las razones técnicas mencionadas en el comentario anterior, habría que ver en qué medida las telefónicas justificarían la inversión necesaria para intentar “robar” unos pocos clientes.

El rol del Estado:
Ante este panorama, ¿debe el Estado defender a unos a costas de otros? Si bien puede resultar tentador, conlleva el riesgo de la discrecionalidad mal entendida. Varias de las empresas involucradas en este intríngulis optan por lo más cómodo, que es la anulación del competidor. Sin embargo, optar por esta solución no solo es discrecional, sino que deja de lado los intereses del consumidor, elemento generalmente olvidado en este tipo de conflicto de intereses.
Por otra parte, caer en la tentación de ignorar el desarrollo tecnológico es una jugada peligrosa. Durante los años 90, la transmisión de “voz viva” era un monopolio de las telefónicas, así como hoy la transmisión de TV es exclusiva de canales de aire y operadores de TV paga. Sin embargo, esta prohibición no impidió el desarrollo de la voz sobre IP y que hoy usemos Skype para hablar a cualquier destino, sea local o internacional. De la misma forma, pensar que por ley se puede impedir que la gente vea TV por redes de las empresas de telecomunicaciones es utópico. Hoy, YouTube o Joost, entre tantos otros, equivalen a la prehistoria de la TV por Internet. Se podrá entonces impedir que las empresas de telecomunicaciones ofrezcan el servicio de TV, pero no se podrá evitar que sus clientes vean TV por estas redes.
No se trata de desregular. Todo lo contrario. Se trata de regular adecuadamente la competencia. Así, sería provechoso que el Estado deje la inacción a la cual nos tiene acostumbrados últimamente en esta materia, y se esmere en la creación de un marco para que se desarrolle la competencia, velando no por favorecer a unos en desmedro de otros sino en crear situaciones de igualdad, donde los más fuertes no puedan abusar de su posición dominante, y donde los que prevalezcan sean quienes hagan mejor las cosas. Esto no sólo generaría una industria más sana y competitiva, sino que favorecería a los consumidores (que, dicho sea de paso, además son ciudadanos) permitiendo que lleguen a éstos mejores servicios a mejores precios. ¿Suena utópico? Probablemente lo sea. Pero no está mal perseguir utopías si en el camino mejoran las condiciones de bienestar para todos.

Prioridades alteradas:
Hay empresas tecnológicas que evidentemente conocen el arte de la seducción, haciendo que los políticos actúen en formas que son inconsistentes con sus ideologías. Al menos, esto es lo que surge del anuncio de la disponibilidad de una zona con conectividad WiFi gratuita en la ciudad de Rosario.
Se trata de una prueba piloto que permitirá tener acceso libre a Internet, por ahora en la zona del microcentro de esa ciudad. Lo que cuesta entender es cuál es la función social de subsidiar el acceso a gente con los recursos suficientes para disponer de una notebook, PDA o dispositivo con capacidad WiFi. ¿Se trata acaso de indigentes que no pueden acceder a un café en uno de los tantos bares con WiFi o, en su defecto, acudir a locutorios? Y lo más llamativo es que esto se haga en una ciudad gobernada por el socialismo, ideología que suele poner el énfasis en quienes menos tienen, no en quienes más.
Una cosa es una red municipal inalámbrica para uso interno de la administración pública y otra muy distinta es ofrecer gratuitamente un servicio dirigido a los segmentos de mayores recursos de la población, lo que es más grave aún cuando todavía subsisten importantes sectores con carencias graves. La verdad, difícil de entender.

Vendo suegra:
Así titulaba su anuncio un vendedor de Mercado Libre, donde, en tono humorístico, “vendía” a la madre de su esposa en un formato similar al de cualquier producto ofrecido en ese sitio. El texto decía: “Vendo suegra. Una joyita. No carga GNC, sólo bombones. Pocos KM” y era acompañado por una serie de fotos de la mujer en cuestión posando desde su cama y en actitud de “no me sigas sacando fotos”. Tanto o más divertido aún resultaba leer los comentarios de los distintos “oferentes”.
Carentes de sentido del humor, los responsables de Mercado Libre retiraron esa “oferta” luego de que saliera publicada en algunos sitios de noticias.
Resulta paradójico que la misma empresa que nos tortura desde hace años con la publicidad televisiva de una joven que vende un beso (oferta que sí se puede encontrar hoy en el sitio), no acepte ahora que uno de sus usuarios les haya copiado el estilo. Por lo menos, le estaba generando más tráfico…

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